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viernes, 30 de junio de 2017

VOTO UNINOMINAL

En este mes dos de los más importantes países del mundo llevaron a cabo elecciones legislativas. Reino Unido y Francia. Dos naciones distintas en varios aspectos, empezando por su diseño institucional: uno una monarquía; otro una república. Pasando por una concepción diferente del papel del Estado en la economía - uno hoy con el 42% de aquel en esta; el otro con el 56% (la mayor participación entre las democracias occidentales) - y por la estabilidad institucional: uno con relativamente pocos quiebres de su orden político en los útimos 250 años, en que ni las dos grandes guerras fueron capaces de alterar; otro con muchas constituciones, régimenes y la principal revolución  de la historia.

Pero Reino Unido y Francia tienen una gran semejanza en su sistema electoral para la designación de sus diputados. Los dos adoptan el voto uninominal, en que hay una circunscripción por cada diputado (650 en Reino Unido y 577 en Francia) y en que es electo el candidato más votado por cada una de ellas.

La diferencia está en que mientras en Reino Unido cada elección por distrito es resuelta siempre en una vuelta en Francia hay una segunda vuelta en caso de que el más votado no haya obtenido la mayoría absoluta.

El sistema mayoritario para la composición de la Cámara Baja del legislativo tiene las ventajas de que los candidatos tengan que dar la cara para ser electos (diferentemente de un sistema proporcional en que suelen estar dentro de listas con varios otros) y de que posibiliten mayor estabilidad gubernamental, puesto que es muchísimo más probable que se extraiga de las elecciones una mayoría absoluta de escaños para el partido con más votos.

Entretanto, estas ventajas son bastante peores que su desventaja, pues suele producir una significativa desproporción entre el número de votos que obtiene un partido y su representación parlamentar. En general beneficiando los partidos con más votos y perjudicando los de menos.

Las elecciones legislativas francesas de este año fueron las que más arrojaron esta desproporción desde que Francia adoptó este sistema, en 1958, en su actual constitución.  En la primera vuelta, el movimiento del presidente Emmanuel Macron, aún no constituido en partido, La República en Marcha, y su aliado MoDem eligieron 350 diputados (60,65% del total). Siendo que en la primera vuelta cosecharon el 32,2% de los votos. En la segunda su votación fue del, 49,2%. Pero la referencia debe ser la primera vuelta, que es donde se apuran sus apoyos naturales. Así siendo los dos tuvieron 1,8 veces más diputados que eletores naturales. La contracara de esto fue el Frente Nacional que eligió a ocho diputados (1,38% de los diputados), habiendo logrado 13,20% de votos en la primera vuelta y 8,75% en la segunda. Es decir 10,45 veces menos diputados que electores naturales.

Ya en Reino Unido las últimas elecciones no arrojaron tanta diferencia entre votos y escaños - al menos como en elecciones pasadas - para el partido más votado. El Partido Conservado obtuvo 318 de los 650 diputados (48,9%) con el 42,4% de los votos. Pero en las anteriores elecciones, en 2015, el mismo partido obtuvo la mayoría absoluta, 331 diputados (50,92%), con solo 36,9% de los votos. Ya el Partido Liberal Demócrata, con 7,9% de los votos pudo elegir solo 1,2% diputados.

Estos datos muestran lo injusto que es el sistema uninominal. Haciendo, en la mayoría de las veces, con que el voto del ciudadano que opta por los partidos más votados tenga más peso, en la práctica, que el voto del ciudadano que opta por uno menos votado.

En Reino Unido, como parte de las exigencias para el Partido Liberal Demócrata haber apoyado el Conservador tras las elecciones de 2010, en que este obtuvo más escaños pero sin haber logrado la mayoría absoluta, fue el cambio del sistema electoral. El partido liderado entonces por ex primer ministro James Cameron propuso un plebiscito para reformarlo.

Pero la reforma no cambiaría su naturaleza. Consistía en tornarlo semejante al francés, manteniendo el principio de ser uninominal y introduciendo una segunda vuelta en caso de que el más votado en la primera no hubiese logrado la mayoría absoluta. Al Partido Liberal Demócrata, entretanto, le interesaba porque siendo un partido de centro, ubicado ideológicamente entre el Partido Conservador y el Laborista, podría tener un gran potencial de votos en las segundas vueltas de los distritos. Si un candidato suyo fuese para la disputa con uno del Conservador, los votantes laboristas tenderían a votarle. Y si fuese con uno del Laborista, los conservadores tenderían a votarle.

Entretanto, el plebiscito arrojó una clara victoria del "no", con el 67,9% de los votos.

En Francia, el gobierno designado por el presidente Emmanuel Macron promete que introducirá algo de proporcionalidad al sistema en una posible reforma electoral. Quizá en la dirección de lo que hay en Alemania, en que hay un sistema mixto. Mitad de la Cámara Baja germánica es electa por medio del sistema uninomonal. Mitad es electa por el voto proporcional de listas por cada una de las regiones. Ya sería un avanzo en pro de una fórmula más democrática. Pero nada comparado con lo que es el sistema proporcional puro.

Es verdad que en algunos países que tienen el sistema proporcional de listas cubriendo todo su proceso electoral hay muchos críticos. En Portugal y en España, por ejemplo, se suele discutir la reforma del sistema, puesto que muchos se quejan de que el elector no conoce a los candidatos que se presentan en cada uno de los distritos electores, supuestamente escondidos en una lista y que estos son impuestos por las direcciones de los partidos. O que este sistema no permite mayorías claras, el deseo de los partidos que suelen liderar las elecciones pero que difícilmente tienen votos para constituir una mayoría absoluta en el sistema proporcional de listas.

El primer argumento si vale para el sistema proporcional de listas también puede valer en parte para el uninominal. Si es verdad que ningún candidato tiene su nombre inmerso en una lista con varios nombres, cuando en Francia o Reino Unido el elector vota en un determinado candidato a veces no conoce ni siquiera su nombre o no se importa mucho con su figura. Además, no es cualquiera que puede presentarse a la elección. Como el partido solo tiene derecho a un candidato, también son las direcciones que lo escogen.

En el caso de Reino Unido en la mente del elector está más la simpatía hacia el líder nacional del partido del candidato, que sería electo primer ministro en caso de victoria del partido o la simpatía hacia el partido en sí.

En el caso de Francia es todavía más flagrante la poca importancia que los electores dan a los candidatos. Las legislativas, como se realizan pocas semanas después de las presidenciales, sufren el contagio de estas. Los franceses siempre refuerzan la votación del partido del presidente electo y nunca su partido estuvo en riesgo de no contar con mayoría en el parlamento francés. Sea con diputados solo del partido o con partidos aliados.

El segundo argumento aboga por la institución de una estabilidad artificial, no espejada por los votos. Si no hubo una mayoría absoluta de votos para el partido vencedor, cabe a él o al segundo partido más votado el intento de buscar alianzas con otros partidos para que se construya una mayoría en el parlamento.

Es verdad que no existe sistema perfecto. Quizá, si hubiese primarias para la constitución de listas el de listas proporcional podría ser aprimorado. Así las direcciones partidarias no tendrían poder para su elaboración.

Pero lo más importante es que un sistema electoral pueda sincronizar el máximo posible el porcentaje de votos populares de un partido con el porcentaje de escaños que este tiene derecho.

viernes, 16 de enero de 2015

LOS VARIOS MODOS DE SER CHARLIE


Existen tres maneras de ser Charlie. Una es una cuestión de civilidad básica. No admitir que cualquier divergencia, por más grande que sea, sea resuelta con el asesinato de las personas con las cuales uno no está de acuerdo. En este sentido, cualquiera que no haya avalado la matanza del 7 de enero es Charlie.

La otra es, además de esto, creer que el semanario Charlie Hebdo tiene el derecho de publicar lo que venía publicando, independientemente de que la línea sea o no de buen gusto. Porque la libertad de expresión debe estar en primer lugar o porque sus dibujos, como mínimo, se encuentran en su límite.

La tercera es no solo firmar obviamente los dos preceptos mencionados como estar de acuerdo con el contenido de sus dibujos o con la mayoría de sus dibujos. Creyendo que suelen ser pertinentes y de buena calidad.

Yo, particularmente, soy poco el tercer Charlie. En su historial he visto más dibujos que no me gustaron que dibujos que me gustaron. Siendo totalmente el segundo Charlie. No por considerar que la libertad de expresión no tiene límites. Pero porque simplemente el semanario no rebasó estos límites. Muchos hablan que Charlie Hebdo no podría burlarse de los los dogmas religiosos y de las religiones en sí, en particular, del islamismo, pues estaría ofendiendo a sus creyentes. Entretanto, la legislación francesa no prevé punición para la blasfemia, como ocurre en otros países. Lo que pienso ser, dentro de un Estado laico, algo muy justo. De hecho, Charlie Hebdo fue blanco de demandas judiciales por parte de grupos religiosos de las cuales nunca resultó punido.

¿Y tú?, ¿Cuál  Charlie eres?


sábado, 11 de octubre de 2014

SEMEJANZAS PRESIDENCIALES

De 20 en 20 años, Uruguay y Brasil coinciden elecciones presidenciales (al menos con el actual periodo de mandato de los dos países, cinco y cuatro, respectivamente, para sus mandatarios máximos). En este año, Uruguay y Brasil no solamente coinciden presidenciales, como coinciden algunas particularidades de ellas.
Quizá la principal coincidencia es que en ambos países las presidenciales se perfilan como las más equilibradas desde que los dos países instauraron la segunda vuelta. Tanto en Brasil como en Uruguay hay un empate técnico en la segunda vuelta. En el caso uruguayo solo una simulación de segunda vuelta (aunque sea casi cierto que hay una). Mientras en Brasil esta ya está en plena campaña. Es probable que los dos países lleguen al día de la segunda vuelta - en Brasil, el 26 de octubre y en Uruguay, el 30 de noviembre - con su proceso electoral al rojo vivo. Con gran incertidumbre de si sus futuros presidentes serán Tabaré Vázquez o Luis Lacalle Pou en Uruguay y Dilma Roussef o Aécio Neves en Brasil.
Otra semejanza es el hecho de que los candidatos oficialistas, Vázquez y Roussef, hayan visto un escenario electoral bastante distinto de lo que se pronosticaba antes del arranque de las campañas, pues eran los favoritos. En Brasil, mucho, quizá, por el sacudón que significó el accidente que mató al candidato Eduardo Campos, precipitando la candidatura de su entonces candidata a vice y mucho más conocida, Marina Silva. Aunque no haya sido esta, sino Neves el candidato clasificado junto a Roussef para la segunda vuelta.
Ya en Uruguay la quiebra de las expectativas electores está siendo personificada en Lacalle Pou. Primero derrotando a la candidatura favorita del Partido Nacional en las primarias de los blancos. Y ahora poniendo las presidenciales casi sin favoritos, con encuestas que lo pondrían a solo un punto percentual de distancia de Vázquez si esté presente con el oncólogo en la segunda vuelta.
El perfil de los candidatos que podrían ser responsables por las derrotas oficialistas también marcan un parecido. Dos descendientes directos de expresidentes de sus países. Neves nieto de Tancredo Neves (aunque este nunca pudo gobernar Brasil, de hecho, como presidente, pues en 1985 asumió la presidencia enfermo y murió pocos tiempo después) y Lacalle Pou hijo de Luis Alberto Lacalle, presidente oriental entre 1991 y 1996. Y para lo estrictamente frívolo también son considerados estéticamente bien constituidos. Aunque Neves no tenga las mismas preocupaciones en el mantenimiento del buen cuerpo, como Lacalle Pou, yendo a gimnasios y haciendo otras cosas por el estilo.
Pero lo que más une Neves y Lacalle Pou es lo ideológico. Los dos intentan sacar del poder partidos de centro-izquierda que gobiernan Brasil y Uruguay hace casi 12 y 10 años respectivamente. El Frente Amplio en Uruguay y el Partidos de los Trabajadores en Brasil (aunque el Ejecutivo de este se sostenga con el apoyo de muchos otros partidos, entre los cuales varios que podrían ser considerados de derechas en el confuso escenario ideológico brasileño). Si en lo social ninguno dice que pondrá coto en los planes y subsidios a las capas más desfavorecidas de la población implantados luego al inicio de los gobiernos del FA y del PT, en lo económico, pese a que los giros a la derecha no sea pronunciados en sus programas, sería de esperar que conduzcan gobiernos más alineados con el mundo empresarial y financiero. Una relación más flexible entre capital y trabajo podría ocurrir con Neves y Lacalle Pou. Es significativo, por ejemplo, que los asesores de ambos ya dijeron que sería necesario un crecimiento salarial más moderado en sus países. Para el combate a la inflación, donde Uruguay es el tercero y Brasil el cuarto en América Latina con peores índices, sendas subidas de los tipos de interés no serán sorprendentes.
Y en lo que más Uruguay y Brasil tienen en común, el Mercosur, lo que cabe esperar es un alejamiento aún más grande de este organismo. La integración regional está lejos de ser una prioridad de Neves, mientras para muchos de los sectores afines a Lacalle Pou, el Mercosur es visto como un enemigo comercial de Uruguay (no siendo disparatado pensar en una salida de Uruguay del bloque comercial si Lacalle Pou llega a la Torre Ejecutiva).
Un poco más de un mes separa la segunda vuelta de las presidenciales brasileñas de la probable segunda vuelta de las presidenciales uruguayas. La victoria de la oposición en Uruguay y en Brasil o el mantenimiento del poder por parte de los oficialismos supondría la coincidencia final.

lunes, 31 de marzo de 2014

ERROR DE DEFINICIÓN

"La extrema derecha alcanzó una gran votación en las municipales francesas". Titulares del género están presentes en muchos de los medios de todo el mundo en razón del buen resultado que el Frente Nacional ha logrado en las elecciones muncipales de Francia que se concluyeron este domingo con su segunda vuelta.

Es una idea muy extendida la de que partidos de la naturaleza del Frente Nacional, como, por ejemplo, el Partido Nacional Británico y el Partido por la Libertad (de Holanda), son lo extremo del arco político en lo que se refiere a su péndulo derecho.

Esta evaluación contiene una gran infatilidad. Es falso que estos partidos sean de extrema derecha.

Existe una gran confunción en la clasificación de ellos. Son considerados como de extrema derecha pues son partidos con consignas de intolerancia, con fuertes rasgos xenófobos, racistas y homofóbicos, por ejemplo. Pero esto no tiene que ver necesariamente con la dicotomía derecha e izquierda. Esta se juega, básicamente, en el terreno económico. Con la izquierda defendiendo más igualdad social, en detrimiento de haber menos libertad económica. Y la derecha lo contrario. Aunque, obviamente, esta dicotomía presente muchísimos matices.

En este cuadro, no se puede decir que un partido como el Frente Nacional, que defiende más participación del Estado en la economía - aunque con menos generosidad hacia los más pobres - que la Unión por un Movimiento Popular (UMP), considerado de centro-derecha, sea de extrema derecha.

La denominación correcta para el Frente Nacional sería derecha autoritaria o derecha intolerante. Así como fue el propio fascismo y el nazismo. Aunque en estos dos casos, estos dos términos se quedarían cortos. Eran en realidad una derecha totalitaria. Pero como en los gobiernos nazista en Alemania y fascista en Italia el Estado jugaba un destacado rol en la economía, no se puede considerarlos como gobiernos de extrema derecha.

En realidad, hay relativamente pocos partidos en el mundo que pueden ser considerados de extrema derecha. Estos serían aquellos que propusiesen un Estado mínimo, con poquísima o ninguna regulación, y sin políticas de transferencia de renta. La verdad, los valores de la extrema derecha están representados (y de modo muy fuerte) en los mercados financieros y en las grandes corporaciones, que muchas veces presionan a los gobiernos con sus chantajes tácitos para que opten por políticas neoliberales y antisociales.

viernes, 28 de febrero de 2014

IDH, RELIGIÓN Y HOMOFOBIA

El mundo, al menos el llamado mundo occidental, se espantó esta semana con una ley profundamente homofóbica aprobada en Uganda, que condena a los homosexuales a la prisión perpetua.

Lo peor es que Ugunda no fue el primer país del mundo con un ley tan cruel como esta. Otros 16 países también condenan de por vida a quienes tengan prácticas homosexuales. Como es el caso de Birmania, Sierra Leona, Togo, Santo Tomás y Príncipe, Tanzania, Barbados, Guyana, Pakistán y Sudán y Sudán del Sur, Mauritania, Nigeria, Somalia, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Yemen e Irán (aunque los diez últimos tengan una ley menos rigurosa, solo puniendo a los homosexuales en casos específicos). Además hay varios otros países con leyes en su código penal de carácter homofóbico. Principalmente en África.

La mayoría de estos países tienen en común dos cosas. Bajo IDH  y mucha religiosidad. Sea de raíz cristiana sea de raíz islámica. Estos dos factores son los que más impulsionan a que la clase de política de un país lleve a cabo medidas de clara persecución a los homosexuales.

País en que la población tiene renta per cápita baja, mala salud y educación son más proclives a dejarse arrastrar por el prejuicio de orientación sexual. Si dentro de este contexto hay una fuerte presencia del componente en sí discriminatorio, en razón de sus dogmas, como es el religioso, principalmente en su versión más extremista, lo anterior tiene más posibilidades de potenciarse.

La contracara de esto son los países que más respetan la diversidad sexual en el mundo, que son los ubicados en Europa Occidental, donde las sociedades están más secularizadas que en el resto del mundo y donde el IDH promedio es de los mejores del mundo.

Mientras haya países sumidos en la ignorancia, pobreza y cooptados por creencias sectarias, muchas personas pagarán con la libertad por la simple razón de su naturaleza sexual. Un auténtico medievo en pleno siglo XXI.

domingo, 11 de diciembre de 2011

LA NUEVA RUSIA


Este año se han cumplido los 20 años del fin de la URSS. Este hecho produjo tres cosas muy significativas: el término definitivo de la Guerra Fría, con el derrumbe del socialismo como sistema de influencia internacional, finalizando su debacle iniciada con la caída del Muro de Berlín, en 1989; el surgimiento de decenas de nuevos países que hasta entonces formaban el imperio socialista euroasiático nucleado por Rusia; y, principalmente, algo inédito en la historia de esta nación, un régimen democrático y pluripartidario.

En el fin de 1991, la democracia, teóricamente, venía su alba en un país que durante toda su historia solo había conocido al autoritarismo, sea con los zares, sea con los dictadores socialistas. Pero en la práctica la teoría fue otra. Muy lejos Rusia ha estado de constituirse como un Estado que cumpliera estándares siquiera razonables de país democrático.

Habiendo estado siempre alejada de la libertad, en Rusia no había dirigentes ni sociedad civil capaces de hacer y de exigir democracia, aunque ésta estuviese en vigor oficialmente.

Tras los erráticos años de la presidencia de Boris Yeltsin (1991-1999) - en que predominó la promiscuidad en la ola de privatizaciones de las empresas públicas y un liberalismo económico sin control (solo controlable por las ineludibles mafias) - Rusia tuvo en la figura de Vladimir Putin una fuerte lideranza. El ex agente de la KGB ganó prestigio junto a la población al devolverle al Estado un rol de peso en la economía, pero manteniendo el libre mercado, que nunca ha dejado de estar rehén, entretanto, de una profunda corrupción.

Con Putin, Rusia se ha configurado en una especie de despotismo democrático. El cerco a los medios oposicionistas (con algunos periodistas muertos de modo muy sospechoso) y el intento de encauzar políticamente a todo el país (restringiendo al máximo la participación de la oposición en la vida política) fueron de las principales marcas de Putin, que hoy gobierna el país en el puesto de primer ministro, ya que no había podido intentar su segunda reelección en las presidenciales de 2008, de la cual salió vencedor su entonces fiel escudero (hoy no tanto) Dimitri Medvédev.

Entretanto, algo parece cambiar en Rusia. Las elecciones parlamentares del pasado domingo - en las cuales el partido de Putin, el Rusia Unida, obtuvo casi la mitad de los votos - evidenciaron la tradicional falta de transparencia en los escrutinios del país, que llevan muchos a afirmar que éstas sufrieron un gran fraude. A diferencia de otros momentos, en que las voces críticas a los amaños de Putin se quedaban restrictas a los corajosos diarios opositores, de esta vez decenas de miles de rusos salieron a las calles, a lo largo y a lo ancho del inmenso territorio ruso, para protestar en contra del presunto pucherazo electoral.

Los rusos que colmaron plazas de varias ciudades del país este fin de semana son en gran parte jóvenes, que eran críos o siquiera habían nacido cuando la URSS se disolvió. Son la cara de una nueva Rusia, que no se resigna a que Rusia sea eternamente dictatorial o seudodemocrática.

Con Rusia abierta al mundo como nunca, pero con una democracia coja, la nueva generación rusa sabe que hay algo más allá del autoritarismo.

Todavía, quizá, tarde un poco para que Rusia entre en los carriles de una democracia en que al menos las elecciones de sus representantes sean dotadas de pulcritud. Pero los gobernantes rusos, con Putin a la cabeza, deben ser conscientes que ya son muchos los rusos que no ven la arbitrariedad como condición sine quo non para su país.

jueves, 10 de noviembre de 2011

TODO PODER A LOS TECNÓCRATAS


Un hombre que ha construido su vida pública esencialmente lejos del escrutinio popular. Que nunca ha participado de unas elecciones. Este es el nuevo primer ministro griego, Lucas Papandreu - ex vicepresidente del BCE y ex presidente del Banco Central heleno. Papandreu será el responsable por conducir a Grecia en el momento más difícil de su historia contemporánea.

Papandreu se encaja en la línea perfecta del sentido político de la mayor parte de los diputados griegos y de los mandamases de la UE, que se asustaron con el anuncio del referendo sobre el plan de ajuste financiero a cambio de la condonación de 50% de la deuda griega con los bancos internacionales, que quería llevar a cabo el anterior y democráticamente electo primer ministro, Georges Papandreu.

Contra la democracia, que supondría el referendo, viene la tecnocracia, que significa tener a la cabeza del gobierno un hombre que, independiente de sus calidades técnicas, no tiene el veredicto popular.

Si por un lado los mercados han agradecido el vuelco del vuelco – el anuncio del referendo que dio paso a la crisis política en el seno del gobierno griego, redundando en la dimisión de su promotor, Papandreu – la soberanía popular ha salido derrotada.

viernes, 4 de noviembre de 2011

FLAQUEZA Y FORTALEZA DE LA DEMOCRACIA


Independientemente de si la condonación de 50% de la deuda griega con los bancos europeos a cambio de un gran ajuste fiscal del país heleno es bueno o malo e independiente de si la propuesta de referendo sobre ello sería o no conveniente su retirada representa una dupla lectura que se puede hacer de la democracia, en cuanto a su poder.

El sorpresivo referendo que el primer ministro griego George Papandreu estaba a dispuesto a convocar generó un júbilo en los que creen que, por más peliaguda que sean las medidas y, justamente, aún más, cuando su carácter es peliagudo, la última palabra debe ser de los ciudadanos.
 
Pero, lo del referendo se hizo agua. El jefe de gobierno griego, al final, sea por las presiones recibidas del eje franco-alemán, sea por el descontento de algunos diputados de su propio partido, el PASOK – que lo amenazaban en votar en contra de su permanencia en la cabeza del ejecutivo en la moción de censura de este viernes – no aguantó el tipo, archivando la propuesta de referendo.

Sin duda que el referendo pondría más nervioso al mercado, disparando la prima de la deuda griega y de otros países considerados “sospechosos” en el cumplimiento de sus obligaciones crediticias, como Portugal, España e Italia. El no referendo es una muestra de lo impotente y, a la vez, potente que es la democracia. Quizá, en las actuales circunstancias griegas y europeas, haya sido lo mejor. Lo que importa aquí es subrayar lo cuán poco frágil que es la voluntad popular. Y, por el contrario, visto por otro lado, lo cuán fuerte podría ser ésta, dando un sacudón sin precedentes en la historia de la UE y de la Zona Euro.

La clase política griega, Angela Merkel y Nicolas Sarkozy tuvieron miedo de la voluntad popular de los griegos. Lo tuvieron porque ésta afrontaría al inhumano, voraz y mordaz mercado – este poder descentralizado que los gobiernos han dejado crecer tanto hasta el punto de que se haya tornado tan o más fuerte que ellos.

¿Qué harían los mercados? Quizá podrían destruir el proyecto europeo sin remordimiento. Quizá llevasen a Europa y al mundo a una recesión. En este sentido estaríamos viendo la flaqueza de la democracia en hacerle frente. Ya en una mirada distinta, pero tan verdadera, si tomamos en cuenta no el resultado de lo que harían los mercados, pero su reacción, intempestuosa, estaríamos viendo lo importante que es la democracia. Al fin y al cabo, solo se combate a quien se teme. 

Lo cierto es que en la puja mercado y democracia, los gobiernos europeos han optando por la cautela, pues no se veían capaces de lidiar con este choque. Pero, lo cierto también es que la UE no podrá seguir mucho más tiempo eludiendo la democracia en estas circunstancias, pues ésta saldrá a la palestra más temprano o más tarde.

domingo, 11 de septiembre de 2011

11 DE SEPTIEMBRE, EL DÍA QUE NO CAMBIÓ NUESTRAS VIDAS


Hoy es la efeméride más aguardada del año, y, quizá, de los últimos años. Los 10 años de los atentados terroristas en EEUU en el neoyorquino World Trade Center han generado, como se esperaba, una serie de programas, de reportajes y de documentales en los medios.

Todos tratan al 11-S como una fecha marco. Habría un antes y después del más sanguinario acto terrorista contra la mayor potencia del mundo, con casi 3000 mil muertos, perpetrado por Al Qaeda.

Si es verdad que el 11-S tuvo repercusiones - una de ellas inmediatas, la Guerra de Afganistán – sería una exageración decir que por si solo los atentados tuvieron la capacidad de modificar el rumbo del mundo.

La marcha de la historia no depende de un único episodio para su desarrollo. Siempre tiene que haber varios factores para el desarrollo de los acontecimientos.

Lo que sucedió al 11-S, las guerras y el endurecimiento de las medidas antiterroristas en EEUU a la cabeza, no es suficiente para que catalogásemos la fecha como de trascendencia global y transversal.

El combate más agudo al terrorismo en EEUU o en Europa no ha traído significativos cambios para el resto del planeta. Puede que viajar en avión haya pasado a ser mas molesto, con los filtros de seguridad más estrictos. Pero, la gran mayoría de la población mundial siquiera suele viajar en avión.

Sobre las guerras, al menos una ocurriría igual, la de Irak. Si una de las (falsas) justificativas a la invasión americana en este país había sido el apoyo del sátrapa Sadam Hussein a Al Qaeda, ésta no fue la única disculpa. El plan americano de derrocar a Hussein ya venía de antes.

La necesidad a lo impactante, una de las características de la sociedad híper mediatizada, hizo que las personas creyesen que nada sería como antes del 11-S. La conmemoración de los atentados hace hincapié en eso.

La importancia del 11-S debe tener otra connotación, más relacionada al drama en si que a lo que generó. Lo monstruosidad de personas que no tuvieron la menor piedad con los demás y ni con ellas mismas, ya que los suicidas tuvieron el mismo dolor físico que las víctimas.

Infelizmente no hemos contado con medios asaz esclarecidos para balancear el significado del 11-S. Sí hemos tenido medios con en el afán de ganar audiencia, sobredimensionando lo posible para este fin.

sábado, 30 de abril de 2011

ANACRONISMO REAL


Pocas cosas son tan arcaicas en el mundo como la institución monarquía. Pero, peor que su falta de sentido es como los medios tratan la escenificación de sus actos.

La boda del segundo heredero en la línea sucesoria de la corona de Reino Unido, Guillermo, enseñó una total obnubilación de gran parte de los medios del mundo por algo vacío de contenido.

Emisiones en directo durante horas, enviados especiales, reportajes, documentales y toda clase de histerismo mediático sobre la boda real marcaron la semana.

En la monarquía los medios, aunque inconscientemente, ven la unión de lo público con lo privado intentando explotar al máximo esta dicotomía entrelazada.

A la vez que las familias reales representan la más alta esfera de un Estado constituido como monarquía, pudiendo ser vistas como el símbolo de la colectividad, no pierden en el imaginario mediático su faz terrenal, principalmente cuando la familia real en cuestión es la británica, con su reciente historial de escándalos.

El advenimiento de las constituciones liberales, en que incluso las monarquías, al menos las europeas, están incluidas, conllevó la desaparición de lo omnipresente e indiscutible que eran los reyes y príncipes.

Un acontecimiento como el casamiento de un príncipe sirve para rescatar la nostalgia de un pasado. Es excelente para la monarquía, que se mantiene en la boca del pueblo. Pero, obviamente, es pésimo, por su tratamiento muy exagerado, para la comunicación social, que olvida, al dar un valor extremamente desproporcionado a su importancia, su principal deber, que es primar por el interés público.

domingo, 20 de marzo de 2011

LA GUERRA: SIEMPRE UN MAL, PERO AHORA NECESARIO


Francia inició ayer contra Libia el último recurso de las relaciones internacionales, la guerra. Que lo perpetrado por la nación gala con el sustento de gran parte de la OTAN tenga el eufemístico nombre de exclusión del espacio aéreo solo edulcora en términos léxicos la cruda y dura acción de atacar, aunque “solo” por el aire, el país magrebí.

Pese a que los objetivos sean solo militares, es probable que pierda la vida gente inocente, que estaría exprimida entre sus liberadores y sus verdugos.

Entretanto, la opción alternativa a la guerra simplemente no existe. Y si ésta existiera se resumiría al simple cruzar de brazos a la espera de que Muammar Gaddafi pare con su masacre y aniquile cualquier movimiento hacia la liberación del país sometido a una de las más largas dictaduras del mundo.

Una intervención armada contra otro país es lo más delicado que hay. Siempre habrá efectos colaterales y el signo de interrogación sobre la legitimidad de la intervención.

¿Un país o un grupo de países pueden arrogarse en el plano de salvadores de otro? Como todo, o casi todo, depende.

El caso libio difiere de intervenciones polémicas recientes, como en Irak y en Kosovo, por ejemplo. Dos guerras injustas, en que lo justificado para la intervención era pura ficción (el tema de las nunca encontradas armas de destrucción masiva en Irak) y un parcial relato de los hechos (sobre el supuesto lavado étnico de Slodoban Milosevic en Kosovo, nunca probado efectivamente).

En Libia es clara la opresión de un sátrapa sobre la población que, harta de las décadas de arbitrio, se ha sublevado contra él, viendo el ejemplo de la queda de las dictaduras de Tunez y Egipto hace poco tiempo.

Al contrario del tunecino Ben Ali y del egipcio Mubarack, a Gaddafi no le ha temblado las manos para responder sin tapujos, por medio de bombardeos, a los que clamaban por el fin de su régimen.

Además, en Libia los países que están impulsando la ofensiva tienen el espaldarazo de la ONU, que, por medio de su Consejo de Seguridad (CS), ha avalado “todas las medidas necesarias para la protección de los civiles libios”, según lo expresado en la resolución 1973 del CS.

La guerra no generará el mejor de los mundos. Siempre es mucho más sano que sean los propios ciudadanos de un país los responsables por la queda de una dictadura. La arquitectura del post-régimen estaría libre de influjos externos, por ejemplo.

Pero, la cobardía de Gaddafi, al no ahorrar recursos bélicos para callar la voz de su oposición, no permite que la comunidad internacional tenga muchos matices. Infelizmente, la guerra en Libia es lo que resta. Hasta que Gaddafi sea derrocado.

sábado, 12 de febrero de 2011

LA VICTORIA DEL PUEBLO UNIDO



Los egipcios han tardado 18 días para finalmente forzar la dimisión del dictador Hosni Mubarak. Dos semanas y media no es casi nada en relación a los 30 años que Mubarak llevaba en el poder. Pero mucho en comparación a la agonía y a la angustia de un pueblo ávido de vivir en libertad, que decía que sería “ahora o nunca”.

No bastó con que Mubarak prometiese que solo permanecería en el sillón presidencial hasta completar su mandato no postulándose para las elecciones de octubre. El cansancio y el enfado del pueblo no permitirían más tiempo de espera. La única solución para la colectividad era la salida de Mubarak, que intentaba usar todas las cartas posibles para no ceder el poder.

Finalmente el 11 de febrero llegó el día tan anhelado por la gran mayoría de los egipcios. Mubarak se dio cuenta que no tenía por donde estirar más. Quizá, por presión del propio Ejército, que ahora toma la riendas del país para que el poder no se quede esparcido por las calles.

Con independencia de que haya venido del Ejército el ultimátum para que Mubarak dimitiese, el gran protagonista de su derrocamiento, sin duda, ha sido el pueblo.

Siguiendo el ejemplo del pueblo de Túnez - que se quitó el miedo de encima para protestar contra el gobierno dictatorial del presidente tunecino Ben Ali, llevándolo a renunciar el 14 de enero - los egipcios han visto con la revolución del país vecino que nada ni nadie puede ser más fuerte que la unión de las masas. Y que más temprano o más tarde el objetivo de acabar con un dictadura, por más robusta que ésta parezca, será atingido, porque pocas cosas son tan ciertas en el mundo cuanto el latiguillo “el pueblo unido jamás será vencido”. Más que nada por una simple cuestión aritmética.

No es posible vislumbrar el futuro de Egipto. Pero, una cosa es cierta: los egipcios muy difícilmente van a admitir cualquier sistema que no sea uno jalonado por la pluralidad partidaria. Se puede dar por descontado que no aceptarán cualquier dictadura, sea militar, sea islámica. No se han arriesgado y no se avalentonado en balde.

De momento, la realización inmediata de elecciones para elegir el futuro presidente no es lo más adecuado. Un país que está muy poco acostumbrado con escrutinios limpios y con un mínimo de transparencia, quizá, no esté listo para un sufragio, que será tan importante, no solo para el país, pero también para el Magreb y para Oriente Próximo por el papel que jugaba Egipto en el conflicto entre Israel y Palestina.

El Ejército tendrá una enorme responsabilidad en llevar a cabo la transición hacia la soñada democracia. Que los ciudadanos del país de los faraones mantengan su firmeza y cobren de los militares responsabilidad y rigor en la labor que se harán cargo.

¡Enhorabuena pueblo egipcio! Que vuestro ejemplo contagie otros pueblos carentes de democracia.