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viernes, 27 de octubre de 2017

21-D, LO MEJOR DEL 27-O

El 155 podría haber sido evitado. Una lectura minimalista de los acontecimientos en Cataluña, más concretamente del pleno del Parlament del 10 de octubre, habría sido lo más prudente. Pero no fue este el entendimiento del Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Y ni la última carta del Presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, en que admitía que la independencia de Cataluña no había sido proclamada formalmente en aquel día, lo removió de la decisión.

Como tampoco posteriormente Puigdemont quiso explorar la última vía para evitar el 155, la convocación de elecciones en Cataluña, aunque el jueves estuvo a punto de hacerlo, este acabaría siendo inevitable dentro de los mínimos que exigía Rajoy. Tornándose ineludible a luz de cualquier lectura (al menos dentro de las racionales) cuando el Parlament declaró la independencia unilateralmente.

Votado en el Senado el 155, la gran sorpresa de este viernes histórico fue la convocación de elecciones para una fecha bien cercana, el 21 de diciembre. Anunciada por Rajoy en su rápida comparecencia ante los medios. En menos de dos meses Cataluña podrá elegir a sus nuevos representantes. Para quien esperaba una larga "estadía" del gobierno español en la Generalitat, fue la mejor noticia del día. Así, básicamente, en términos prácticos, el gobierno de la Generalitat solo será destituido con el fin de que haya un nuevo escrutinio. Me parecía poco justificable la idea de la Generalitat ser intervenida durante hasta seis meses. Todo lo corriente en el ámbito de la administración pública podrá, al menos en teoría, ser llevado a cabo tal cual se tratase de un gobierno en funciones, hasta que tenga lugar las elecciones.

Claro, lo de "en teoría" puede tener muchas complicaciones en la práctica. Nadie sabe si habrá alguna resistencia de los independentistas e, incluso, de los miembros del ejecutivo catalán. Imaginense que Puigdemont no admita ser destituido, se plante en la Palau de la Generalitat y que una parte de la multitud que estuvo este viernes en el Plaça Sant Jaume para celebrar la declaración de independencia haga una enorme barrera humana impidiendo la entrada de las fuerzas de seguridad para llevárselo. Podría ser una de las escenas más dramáticas de la democracia española.

Un riesgo de movilización popular es incluso mayor con las personas creyendo que pueden estar haciendo historia. En este caso, cuanto más corajudos físicamente sean los independentistas convictos, más traumático podrá ser el 155. Ojalá el miedo, a veces funcional para la sociedad, esté un poco presente entre ellos.

lunes, 23 de octubre de 2017

EL ELECTORADO CATALÁN

Puede que no sea una regla. Pero supongo, como mínimo, que sea una tendencia. Cuanto más estabilidad en el voto, más politizada es una sociedad. Esto puede decirse a respecto de Cataluña. Si nos fijemos en el histórico de las votaciones tanto para el Parlament como para las legislativas, veremos que no hay cambios abruptos entre los escrutinios. Y cuando estos ocurren, en general, hay algo de fuerte peso por atrás. Como una crisis económica.

Después de mucho tiempo, por fin, una encuestadora, GESOP para El Periódico de Catalunya, realizó un sondeo para proyectar los votos de cara a una nueva elección en Cataluña. Y los resultados van justamente en línea con esta tradicional manutención del voto. Teniendo en comparación los guarismos de las elecciones autonómicas de 2015.

Aunque ERC y PDECat vayan separados en la encuesta, diferentemente de entonces, cuando formaron una lista única, el Junts Pel Sí, los dos partidos independentistas tendrían una suma de votos y diputados parecida con 2015 - 40,1% y entre 61 y 63 diputados (entre 44 y 45 para ERC y entre 18 y 19 para el PDECat) contra 39,4% y 62 diputados de hace dos años. Con los votos de los anticapitalistas de la CUP - 7,8% y entre 9 y 10 diputados contra 8,2% y 10 diputados de 2015 - podrían de nuevo elegir al presidente de la Generalitat. Pero el total de votos a partidos separatistas de nuevo tendría menos que el 50% de los votos válidos. Aunque tampoco los partidos no independentistas rebasarían esta marca (aparte de la gran heterogeneidad entre ellos, principalmente en lo que se refiere al tratamiento que creen que debe ser dado al reto independentista) teniendo también cada uno una votación muy similar a la de 2015.
 
Esta encuesta vino a continuación de otra de la misma empresa, en que, entre otras cosas, mostraba que la mayoría de los catalanes no cree que el referéndum o simulacro de referéndum del 1-O legitime la declaración unilateral de independencia (55,6%). Aunque los que piensen que sí no sean pocos (40,1%). Y, quizá, lo más importante. Pese a que la mayor parte de los catalanes no estarían satisfechos con el actual encaje de Cataluña en España, la mayor parte prefiere más autonomía que la independencia. La encuesta sostiene que a 46,1% les gustaría que el "procés" terminase con un acuerdo con España para dotar a Cataluña de más autogobierno y que a 36,1% les gustaría que finalizase con la independencia.

Los catalanes tienen o tenían fama de pactistas - no es un dato menor que el referéndum sobre la Constitución en 1978 tuvo mayor porcentaje de votos en Cataluña que en el resto del Estado. En el fondo, aunque, en general, pueda existir poca identificación con España, principalmente en el ámbito cultural, según los números que nos arrojan las encuestas, al menos la mayoría de los catalanes aún puede llevar aquella etiqueta.

La total desconexión con España, que muchos afirman estar existiendo de parte de los catalanes no se habría producido, al menos de modo mayoritario, hasta ahora. Si preguntados sobre un sí o no taxativo a la independencia, puede que el sí fuese mayoritario. Pero una oferta atractiva de España, como un concierto económico a lo vasco, todavía puede ser bien vista en Cataluña. Si el independentismo creció tanto en los últimos años mucho se debe a los recortes que sufrió el Estatut en 2010 de parte del Tribunal Constitucional.

El gran test será lo que pasará cuando el artículo 155 sea puesto en marcha - salvo que sea frenado con una vuelta de tuerca del presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, aceptando el pedido del gobierno español y convocando elecciones. Que los catalanes vean sus instituciones autonómicas siendo intervenidas puede generar un gran enojo. Lo que podría beneficiar a los partidos secesionistas.

Los capítulos más intrigantes de este suspense que se ha tornado la cuestión catalana vendrán a partir del despliegue del 155.

Antes aún podrá haber la declaración de independencia de forma rotonda este jueves, día en que está convocado un pleno del Parlament para, según Puigdemont, que sea dada una respuesta al 155.

La declaración de independencia sería un error para la estrategia de los separatistas a respecto del relato, puesto que esta ruptura, aunque fuese solo retórica y sin posibilidad de concretarse efectivamente, podría ser la justificativa plena en diferido para la aplicación del 155, ya que la que ha dado el gobierno español para llevarlo a cabo no es suficiente - considerándose que no se puede decir que la independencia fue declarada en el confuso pleno del Parlament del 10 de octubre.

No se sabe ni siquiera si los partidos separatistas van a boicotear unas elecciones convocadas por el gobierno de España (el vicepresidente de la Generalitat, Oriol Junqueras, dijo que sí). Pero si participen, lo mejor que deben hacer para mantener o ensanchar su electorado es dejar la sensación de que fue el presidente del gobierno, Mariano Rajoy, quien cruzó la línea roja y no ellos. Siendo así, la declaración de independencia sería muy funcional para el gobierno español.

lunes, 16 de octubre de 2017

155, QUIZÁ LA POSTERGACIÓN DE UN PROBLEMA


La suspensión de la autonomía de Cataluña o partes de ella con la inminente puesta en marcha del artículo 155 de la constitución puede tener como colofón la convocación de nuevas elecciones autonómicas. Aunque, de momento, sea incierto el alcance que le querrá dar el gobierno español y aunque ese enfatice, como lo ha hecho hoy en su comparecencia ante los medios la vicepresidente del gobierno, Soraya  Sáenz de Santamaría, que el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, tiene tiempo para evitarlo. Bastando con que rectifique hasta el jueves su no respuesta concreta de si declaró o no la independencia el 10 de octubre (pero es muy difícil que eso ocurra).

La tirantez en que está sumida Cataluña puede agrandarse con el 155. Principalmente si el presidente del gobierno, Mariano Rajoy, lo aplique de modo maximalista, destituyendo al gobierno de la Generalitat y disolviendo al Parlament. Pese a las dudas legales de que con el 155 se puede ir tan lejos.

Muchos catalanes podrán sentirse ultrajados, aumentado la adhesión al independentismo y, por ende, dándole una mayoría no solo de escaños en eventuales elecciones - como tienen hoy los partidos separatistas - como de votos, que no la tuvieron en las elecciones para el Parlament de hace un poco más de dos años. Y cuanto más grande sea esta mayoría, más problemas políticos tendría el gobierno de España.

El 155 puede servir para echar el balón hacia adelante - reprimiendo los intentos de rebeldía contra la constitución, sean retóricos o prácticos, de parte de los independentistas - pero no solamente no podría resolver la cuestión catalana, como podría tornarla más peliaguda a medio plazo.

Lo que puede hacer con que el que no independentismo gane cuerpo es el miedo de un gran deterioro de la economía catalana con los retos secesionistas. La fuga de las mayores empresas de Cataluña, aunque sea solo en el ámbito de sus sedes sociales, puede tener un gran impacto. Esta sería la esperanza para quienes intentan restar fuerzas al separatismo. Puede que sea la única. Pero puede ser una variable muy potente, puesto que el bienestar económico, en teoría, es lo más importante para la mayoría de las personas. Este temor contribuyó para que el movimiento independentista en Quebec sea en la actualidad bastante menor de lo que fue en el pasado, ya que varias empresas se trasladaron para otras partes de Canadá.

Pero el conflicto catalán presenta una gran diferencia a respecto de lo que hubo en Quebec. Canadá permitió el derecho a decidir a los quebequenses. Y por dos veces en un plazo de solo 15 años. Con un plebiscito en 1980 y otro en 1995.

Ser reacio a cualquier posibilidad de plebiscito legal sobre la independencia, como es la posición del PP, de CC´s y de la mayoría del PSOE, es contraproducente. Es una intransigencia que los aleja de la empatía de muchos catalanes.

Si eso y la aplicación del 155 tendrán más peso negativo que el pavor a un empeoramiento de la economía catalana si los partidos independentistas sean más fuertes y sigan apostando por mantener el órdago secesionista, solo unas futuras elecciones dirán.

domingo, 15 de octubre de 2017

LAS OPCIONES DE PUIGDEMONT

Mañana será más un día trascendental para Cataluña. La respuesta que le dará el president de la Generalitat, Carles Puigdemont, al presidente del gobierno, Mariano Rajoy, a respecto de si Cataluña proclamó o no la independencia es fundamental para la aplicación o no del artículo 155 de la constitución española. El que posibilita la suspensión de la autonomía de alguna comunidad autónoma.

Lo más probable es que Puigdemont no satisfaga a Rajoy en la contestación y que este empiece a tramitar en el parlamento español el 155 si aquel no la rectifique hasta el jueves.

Decir que en su discurso en el Parlament el pasado martes no hubo la declaración de independencia sería, dentro de la lógica del relato por la secesión, como humillarse ante Madrid y perder la confianza de muchos independentistas catalanes. Ni hablar de los más acérrimos defensores de la separación de Cataluña, los miembros de la CUP. Si esos ya se irritaron cuando supieron que no iría a haber una declaración de independencia clara el pasado martes, más aún estarían si Puigdemont diga un "no" a Rajoy.

De este modo, la gran duda es si Puigdemont retará manifiestamente a Rajoy, con un contundente "sí" o si seguirá la senda de la ambigüedad. Si ambas tendrían como consecuencia el 155, generarían otras consecuencias diferentes de acuerdo a cuál de las dos sea la elegida.

Las dos tienen ventajas y desventajas para el movimiento independentista. La ventaja de la primera es que servirá para unir al movimiento (excepto la parte del Pdecat que aboga por la cautela pero que en lo global es la minoritaria). La propia CUP ya le ha dicho a Puigdemont, expresamente, que solo acepta eso de su parte. Y ERC, aunque en la retórica siempre esté abriendo la puerta al diálogo, hace cuestión de que, como predica el latiguillo de los independentistas, "se cumpla el mandato dado por los catalanes el 1-O" (A despecho de que en los hechos es difícil saber bien qué eso significa, puesto que Cataluña, con la oposición de Madrid, no tiene condiciones prácticas de ser independiente).

Muchos incluso deben de estar pensando que si es para que se le despoje a Cataluña temporalmente el autogobierno o parte de él (de acuerdo a como el 155 venga a ser aplicado) no hay nada que perder y hay que plantarle cara al gobierno español al máximo posible.

La desventaja es que Puigdemont pasará una imagen de intransigencia. La contraria a la que quiso demostrar al pedir al Parlament que suspendiese la independencia segundos después de haberla "declarado".

La ventaja y desventaja de la segunda es lo opuesto a la primera. Es decir, defraudar a los más independentistas, pero, por otro lado, con la ventaja de poder seguir diciendo que es el gobierno español el que es intolerante. Con eso, algunos de los llamados equidistantes, como Unidos Podemos y sus confluencias, y los de los nacionalismos periféricos del resto del Estado, con el PNV a la cabeza, podrían ser solidarios a los independentistas.

Lo más probable es que Puigdemont opte por la segunda. Lo difícil de pronosticar cómo moverán ficha los independentistas en el contexto de la supuesta intervención del Estado español en Cataluña con el 155. Más aún no sabiéndose cuál será el alcance que Rajoy querrá dar al 155. En principio, podría serles benéfico a los independentistas, pues podrían posar como víctimas.

La hoja de ruta del independentismo es novedosa - bregar por un Estado independiente, aun a sabiendas de la inadmisibilidad del Estado del cual ellos se quieren separar, solamente por la vía pacífica. Pero mientras sigan teniendo el apoyo de una gran parte de los catalanes (quizá mayoritaria) es precipitado hacer conjeturas a largo plazo. Diferentemente de si empiece a haber muchas bajas de gente que los apoya.

La marcha de las sedes sociales de varias empresas catalanas a otras partes de España y todo lo que eso puede repercutir negativamente para la economía catalana puede ser un duro golpe para el proyecto secesionista. Como diría Juan Domingo Perón, "la víscera más sensible del hombre es el bolsillo".

Cómo seguirá el ánimo del pueblo independentista si el PIB catalán sea afectado determinará si al menos políticamente el movimiento independentista seguirá siendo fuerte o no. Más allá de lo que haga el Estado español.   

domingo, 8 de octubre de 2017

CATALUÑA Y KURDISTÁN

Quiso la coincidencia de la historia que Cataluña y el Kurdistán hubiesen llevado a cabo consultas de autodeterminación en fechas muy cercanas. Uno el 1 de octubre y el otro el 26 de septiembre.

Otro hecho en común entre ambos es que sus votaciones fueron realizadas a margen de la legalidad de los Estados de los cuales hacen parte y de los cuales sus promotores quieren separarse. Tanto España como Irak las rechazaron de plano. Asimismo, tanto en el Kurdistán como en Cataluña no hubo un censo propiamente dicho por la total oposición de Bagdad y Madrid.

Pero hay grandes diferencias entre el Kurdistán y Cataluña. La principal es que el primero tiene más control administrativo y judicial del territorio y, principalmente, un ejército propio, el Peshmerga. Cataluña no. Tanto que mientras en el Kurdistán su plebiscito tuvo lugar sin ningún tipo de medida de fuerza de parte del gobierno central iraquí, siendo realizado pacíficamente, el referéndum de Cataluña fue realizado en medio a un gran despliegue de las fuerzas de seguridad españolas que tenían la orden de cerrar los colegios electores, generando casi 900 heridos e imágenes de violencia poco comunes en una democracia europea.

Tener una defensa propia hace con que al menos el Kurdistán pueda pelear por la independencia, pese a las complicaciones que podría tener si esa llegase a ser efectiva, puesto que sus vecinos Irán y Turquía y, claro, el propio Irak, prometen ejercer una gran hostilidad en su contra, cerrando el espacio aéreo y el comercio.

Además, no es un simple ejército el que tienen los kurdos. El Peshmerga es de las fuerzas que más han contribuido para que el temido Ejército Islámico esté siendo derrotado en territorios de varios países de la región en que está instalado y que también tienen poblaciones kurdas.

Ya Cataluña, aunque sea mucho más desarrollada que el Kurdistán, no tendría ninguna posibilidad de reaccionar ante España si esta quiere, como es casi seguro, impedir su independencia en caso de que sea proclamada. No tiene nada más que su policía autonómica, los Mossos d'Esquadra, que, aun así, salvo una rebelión, tendrían que seguir las órdenes del gobierno de España.

Adicionalmente, aunque fuera posible, cualquier conflicto armado sería, seguramente, demasiado para el pueblo catalán. Diferentemente del pueblo kurdo, acostumbrado a guerras, los catalanes no cambiarían la paz y su relativo bienestar por una guerra independentista (al menos de momento).

Otra significativa distinción es que la sociedad catalana es mucho más dividida que la kurda a respecto de querer la secesión. Solo algo más de la mitad del Parlament es compuesto por separatistas, aunque el independentismo pueda haber crecido en los últimos días, tras la represión del Estado español en el día del referéndum y en sus días previos. En el Kurdistán hay claramente una gran mayoría independentista. Casi todo el parlamento kurdo es formado por separatistas.

En términos de apoyos internacionales, los kurdos también presentan una ventaja ante los catalanes. Israel le da respaldo. Puede ser muy poco ante tanto rechazo de sus vecinos. Pero mucho a respecto de Cataluña, que no tiene el apoyo abierto de ningún país. Solo tiene la simpatía de muchos de los pueblos del mundo, principalmente de la izquierda global (a despecho de que el movimiento independentista catalán sea ideológicamente transversal). Y lo principal a respecto del tema. Para Cataluña la independencia supondría un duro varapalo, la salida automática de la UE. Puesto que como nuevo Estado europeo, Cataluña tendría que pedir su adhesión, que solo sería aceptada si hubiese unanimidad entre sus miembros. Algo inimaginable. Al menos a corto plazo.

Es difícil imaginar cuál será el desenlace de los dos casos. Pero teniendo en cuenta los resortes de cada uno, es mucho más probable que los independentistas kurdos logren su objetivo mucho antes de que los catalanes. Si es que un día un día estos alcancen el suyo.

miércoles, 4 de octubre de 2017

EL DISCURSO DEL REY

Muchos pedían un pronunciamiento del rey Felipe VI a respecto de la cuestión catalana. Y ayer lo hizo. Su contenido fue recibido de modo distinto por formadores de opinión y políticos.

En general, los que hacen hincapié en que la ley está por encima de todo (incluso de un pueblo que, literalmente, llena calles y plazas) estuvieron de acuerdo con el discurso del monarca, por creer que él demostró firmeza al hacer un llamamiento directo al Estado de derecho y a la unidad territorial de España (quiza, avalando con eso la aplicación artículo 155 de la constitución, que suspendería el autogobierno catalán).

Mientras los mal llamados equidistantes (catalanes o no) y los favorables al "procés" estuvieron en contra, por la supuesta dureza de Felipe VI, que podría generar aún más enfado en Cataluña contra España, por no pedir diálogo o negociación entre los bandos enfrentados y, principalmente, por no haber dicho nada a respecto de la violencia desproporcionada de las fuerzas de seguridad contra quienes votaron en el 1-O.

La verdad es que nadie podría esperar que el rey pudiese ayudar a apaciguar el conflicto. Esto no se trata de un 23-F. Aceptándose la historia oficial sobre el golpe que intentó dar Antonio Tejero en el Congreso de Diputados, había claramente unos buenos y malos en la cuestión. Demócratas contra golpistas. Era muy claro lo que debería hacer el padre de Felipe VI, el rey Juan Carlos. Estar incondicionalmente a favor de la democracia. El 1-O y todos los demás Os que vendrán suponen un choque de legitimidades que, a su modo, se amparan en la democracia. Sea de quien la justifica por estar al lado de la ley. Sea de quien la justifica por estar al lado de una mayoría popular.

De alguna manera, interviniendo en el asunto, Felipe VI tendría que posicionarse. Y sería muy difícil que su posición fuera contraria a la del gobierno. El rey, salvo un consenso generalizado en la sociedad española, jamás iría a estar en contra de lo que fija la letra fría de la ley en el sentido de ser flexible a un cambio en ella. El rey está para mantener lo que hay. Fue este el papel desempeñado por Juan Carlos en 1981, según la historia oficial.

Es verdad que Felipe VI podría transmitir un mejor talante y menos cinismo, cuando dijo, por ejemplo, que estaría al lado de los catalanes (siendo que una gran mayoría de ellos es favor del derecho a decidir). Pero en el fondo no fue sorprendente lo que dijo.

España optó por un régimen no democrático en lo que se refiere a la Jefatura del Estado. Si por una parte no le concedió poderes ejecutivos, por otra, por eso, no se puede esperar que quien la encabeza sea un árbitro fiable en una cuestión subjetiva y con muchos grises como es la catalana.

martes, 3 de octubre de 2017

NO ES LO MISMO

Algo muy común de escucharse en estos días de excelsa tensión en Cataluña es que la culpa de lo que está pasando es tanto del gobierno de España como del de Cataluña.

Cada uno es libre para pensar como quiera. Pero este reparto de responsabilidades casi por igual es funcional a que se obvie una realidad bastante palpable.

Si es verdad que él "procés" corre por carriles por fuera del marco constitucional y que el referéndum del 1-O fue ilegal, no es menos verdad que los separatistas catalanes intentaron por diversas veces negociar con Madrid a respecto de una salida legal para sus ambiciones. Y siempre Madrid les dijo "no".

Los continuos rechazos por parte de Madrid sugirieron una arrogancia y/o falta de sensibilidad acerca de lo que significa la existencia de una abrumadora mayoría de catalanes favorables al derecho a decidir. Habría un 82% que lo desean, según las encuestas (cifra que incluye, obviamente, a no independentistas). Mayoría también verificada en las elecciones, aunque en un guarismo menor. Hoy el Parlament tiene cerca de 60% de diputados que abogan por ello (hay que decir que, seguramente, muchos electores del PSC, que rechaza el derecho a decidir, tienen una posición a contraria al partido). Además, fuera de Cataluña tampoco es despreciable el apoyo a cambios en la constitución que conduzcan al derecho a decidir.

Si se tratara de unos pocos que lo estuvieran reivindicando, claro que no se le podría hacer caso a eso. Pero hacer oído sordo a una manifiesta mayoría ha tenido como consecuencia llevar la cuestión casi a un callejón sin salida.

El gobierno de España prefiriendo mirar para otro lado y solo esperar que la justicia aplicase la ley optó por que el tan anunciado choque de trenes viniera. La violencia desatada por las acciones de las fuerzas de seguridad del Estado contra quienen querían votar quizá haya sido solo el preludio de cosas peores que vendrán a continuación.

Pase lo que pase a partir de ahora, la historia tendrá que registrar que hubo quienes plantearon el diálogo y quienes se lo negaron. Quienes por medio de la democracia querían legalmente llevar a cabo su objetivo y quienes solo decían que la ley no se lo permitía (como si esa fuera inmutable o si tuvieron miedo de cambiarla).

Con eso no quiero exentar a los independentistas de culpas. Pienso que podría haber habido listones más altos para que los secesionistas se sintiesen legitimados para llevar a cabo la independencia. Por ejemplo, que tuviesen alguna mayoría calificada en el Parlament o que hubiesen propuesto que el propio referéndum solo podría atribuir al "sí" una victoria si contase con una mayoría calificada. O que tuvieran otra táctica, que pasase primero por un consulta popular, aunque igualmente ilegal, en que simplemente los catalanes se pronunciarían si querían el derecho a decidir. Aunque no cambiase nada la línea de intransigencia de Madrid, eso les daría más legitimidad a los independentistas y dejaría más en evidencia al gobierno central.

Aun así, no se les debe tratar del mismo modo que el lado que apostó por formas reacias, adustas y desconectadas del sentido común para lidiar con la mayor grieta que ha tenido España desde la vuelta de la democracia.


lunes, 2 de octubre de 2017

¿Y AHORA QUÉ CATALUÑA? ¿Y AHORA QUÉ ESPAÑA?

Aunque ya fueran esperadas altercaciones entre personas que querían votar y policías, no me imaginaba el número de heridos, 844, según la Generalitat, a causa de las acciones de la Guardia Civil y de la Policía Nacional para impedir el referéndum de autodeterminación de Cataluña.

La imagen de resistencia transmitida por muchos catalanes que fueron a votar o lo intentaron muestra lo cuan potente puede ser el sentimiento independentista en Cataluña. No se puede fiar por completo de los números divulgados por la Generalitat. Participación de 42% de participación y 90% de "síes", por los datos aún parciales. Pero quiero creer que si no son exactos, no están lejos de la realidad.  Además, también hubo quienes intentaron votar y lo fueron impedidos porque los colegios electorales estaban cerrados por las fuerzas de seguridad. De acuerdo con la Generalitat, habrían sido cerca 670.000 ciudadanos. Lo que supone aproximadamente el 12% del censo electoral catalán.

Ahora les toca a los independentistas catalanes la más trascendental de todas sus decisiones hasta aquí. El Ejecutivo catalán transmitirá el resultado del referéndum al Parlament y este tendría que, de acuerdo a lo fijado en la Ley de Transitoriedad Jurídica, declarar la independencia de Cataluña. En teoría, esta tendría que ser llevada a cabo 48 horas después de los resultados definitivos de la consulta del 1O.  El día en que se pronuncie el Parlament será una jornada en que la palabra "tensa" se quedará corta en la casa de la democracia catalana. Toda la turbulencia que marcó la votación de la Ley de Transitoriedad Jurídica se quedará chica cerca de eso.

El gran problema de los independentistas son las condiciones operacionales para la independencia. Si no dudo de que para muchos les sobre ganas, cueste lo que cueste, de separar Cataluña de España, les faltan elementos básicos para eso. No conozco ningún caso de país que se haya independizado unilateralmente sin tener un ejército o milicia propia o, al menos, que contase con la protección de algún otro país. Cataluña no los tiene. Tampoco puede contar con la más mínima protección de algún país vecino. En el límite se podría imaginar que los Mossos d'Esquadra podrían romper con España y dotar a Cataluña de alguna suerte de defensa. Pero no lo veo para nada en el horizonte.

Hasta el domingo, pensaba que los secesionistas irían a soslayar lo prometido. Que irían a encontrar alguna excusa para no llegar a un extremo que cortaría los puentes con España sin que Cataluña tenga herramientas para contrastar el monopolio de la fuerza que España seguiría teniendo. Pero no es eso que sugirieron las palabras del president de la Generalitat, Carles Puigdemont, en el discurso de anoche.

Habrá dos escenarios. Uno, que los separatistas hagan una media declaración de independencia. Que significa intentar abrir una ronda de negociaciones con España y la Unión Europea. Sería como postergar el tema, ganar más apoyo de la ciudadanía y enseñar a España, Europa y al mundo que de parte de Cataluña todavía hay margen para el diálogo, aun a sabiendas de que Madrid lo rechazaría.

Lo otro, y creo que lo más probable, con toda la carga emocional que vive Cataluña, es que la independencia se declare, pero con todos teniendo consciencia de que España destituirá - por medio del artículo 155 de la constitución, el que suspende la autonomía - las autoridades catalanas, haciendo con que Cataluña sea gobernada por representantes de Madrid. Además, no sería descartada la posibilidad de prisión de los líderes separatistas.

Con la aplicación del 155 es probable que el gobierno de España quiera convocar nuevas elecciones autonómicas para restablecer la "normalidad institucional" de Cataluña. O el movimiento independentista las acepta o las boicotea. Si no las acepte, no es descartado que clamen por una desobediencia civil. Si habrá una gran adhesión a ella sería muy difícil de saberlo. Pero, seguramente, una parte no despreciable de la sociedad catalana iría a seguirla. Las consecuencias serían inéditas en un país de la UE, como ya lo es la cuestión catalana en sí. Todos serían perjudicados. El presidente de gobierno, Mariano Rajoy, demuestra que no está mínimamente a la altura de un desafío tan peliagudo. O lo sacarían del gobierno - mayoría en el congreso español la hay para eso - o su falta de tacto llevaría España en la línea de un caos institucional, más conocido por un país latinoamericano que por una democracia europea.  Aunque tampoco es tan probable que un nuevo gobierno salido de unas hipotéticas elecciones generales anticipadas lograse apaciguar a Cataluña. Un gobierno alternativo sin el PSOE no sería posible en la España de hoy. Y el partido de la rosa y del puño cerrado tendría que flexibilizar mucho sus posiciones a respecto de Cataluña, puesto que hoy no admite el derecho a decidir. Solo un nuevo diseño institucional de España. Y, para empeorar, un cambio constitucional que permitiese una vía legal para que los catalanes puedan decidir su futuro, solo es posible con mayoría de dos tercios en el congreso. Es decir, esta también tiene que pasar por el PP.

Qué momentos de incertidumbre vive Cataluña y España. La historia se ha acelerado como nunca se ha acelerado en un país de la UE. Cuando eso ocurre, lo que más hace falta es saber hacer política. Hacerla en su sentido más noble.

sábado, 30 de septiembre de 2017

CATALUÑA TRAS EL 1-O

Es muy probable que el referéndum sobre la independencia de Cataluña estará plegado de nubarrones. Que difícilmente la mayor parte de los votos de los que quieren sufragar podrán ser depositados en las urnas, con tantos agentes de seguridad del Estado español desplegados en Cataluña con el objetivo de impedirlo.

Por otro lado, son cada vez más las voces en la Generalitat que sugieren que puede no haber Declaración Unilateral de Independencia (DUI), que, a principio, sería pronunciada con una mínima votación favorable al sí y con una mínima participación. Al menos este era el entendimiento tácito que nos da la Ley de Transitoriedad, que no fija un listón para ninguna de las dos.

Que no haya posibilidad práctica de una amplia votación, sería la justificativa para que no haya la DUI. Y en el fondo podrá ser funcional a todos los que luchan por la independencia de Cataluña y también para los que no la admiten.

Para quienes gobiernan Cataluña, Esquerra Republicana de Catalunya y el Parti Demòcrata Europeo Català, declarar la independencia sería dar un salto al vacío.

No habría condiciones operacionales para que Cataluña se autogobernase. Faltarían dos cosas ineludibles. Una agencia de recaudación de impuestos y una fuerza de seguridad. Ni siquiera si Cataluña se plantease una resistencia armada contra España, tendría los mínimos medios para tal (todos los países que declararon unilateralmente la independencia tenían un ejército propio). Con esto, la DUI sería nada más que un brindis al sol.

Es decir, ni siquiera estoy hablando de lo perjudicial que podría ser para Cataluña una independencia en términos económicos, con la hostilidad de la UE, con España y Francia a la cabeza. Ni eso Cataluña podría probar.

Ya de parte de los independentistas más intransigentes, los de la CUP, aunque muestren un gran enfado e, incluso, acusen al bipartido que gobierna Cataluña de traición, saben que podrán tener un gran crecimiento en las próximas elecciones autonómicas, el único paso posible a seguir al reculo a respecto de la secesión.

El partido anticapitalista podrá ser visto para muchos como el único representante fiel de la independencia, en contraste a los otros dos, que habrían claudicado en cumplir la utópica promesa de una Cataluña independiente.

Del lado del gobierno español, se habría logrado el objetivo principal. Pese a todo el follón que podrá representar la jornada de votación de este domingo, la declaración unilateral de independencia sería desechada.

Cómo el gobierno de la Generalitat justificará la no declaración de independencia significa un gran signo de interrogación. Supongo que ya  habrán preparado el contenido de por que no podrán hacerlo. Aunque no descarte mucha divergencia entre sus miembros. Es probable que haya quienes, sea por populismo, sea por ingenuidad, sostengan que la DUI deba ser llevada a cabo.

A continuación de la imposibilidad de la DUI, empezará un nuevo ciclo. Quizá con nuevos protagonistas y con más independentistas. La famosa "fábrica de independentistas", con el impedimento al referéndum, podrá alcanzar su máximo en términos de "producción". Esto sería medido en las inevitables elecciones autonómicas. Esto, obviamente, daría aún más fuerza a la retórica separatista.

Con el posible aumento del voto independentista, el gobierno español y las otras fuerzas políticas del otro lado del Ebro sí o sí tendrán que dejar su inmovilismo. Sea en la dirección de reformar la constitución, para que esta contemple el derecho a decidir de los catalanes, sea en el sentido de un pacto fiscal con Cataluña para que, tal vez, haya un concierto económico similar al de lo que hay con el País Vasco. El ministro de economía, Luis de Guindos, ya dijo que lo segundo puede ser viable.

Lo fundamental, ninguna de las partes podrá querer ganar de goleada. Y todas tendrán que ceder en sus planteamientos y, principalmente, arriesgarse. Que venga la democracia.

sábado, 17 de diciembre de 2011

GAFAS Y EL PODER



Si hay cosas raras a respecto de los Presidentes de Gobierno de España son las gafas. Desde la vuelta de la democracia no ha habido ninguno que siendo electo tras elecciones legislativas las llevase. Esta “tradición” será, finalmente, rota con Mariano Rajoy.

Incluso en el resto del mundo no es tan fácil encontrar a Jefes de Estado y de Gobierno que llevasen gafas. En el país más importante del mundo, EEUU, por ejemplo, desde Truman, en los años 1950, todos los presidentes tenían la visión suficientemente buena para prescindir de las gafas. Truman fue el último presidente antes de la popularización de la televisión en este país. La pequeña pantalla, quizá, sea el factor clave que explique esta curiosidad.

Hasta el arribo de la televisión la imagen de los candidatos solo llegaba a los electores por medio de fotos en la prensa. Muy llamativo fue el debate para las presidenciales americanas de 1960. Según los sondeos Richard Nixon había ganado para la mayoría de los que escucharon el debate por la radio. Pero el vencedor para la mayoría de los que vieron el debate en la televisión había sido John Kennedy. Es verdad que Nixon, así como Kennedy, no llevaba gafas, pero contaba con una presencia mejor.

Entre los grandes países de Europa Occidental (Reino Unido, Francia, Alemania, Italia y España), partiendo desde los 1970, es decir, cuando la televisión empezó a ser, de hecho, universal en el Viejo Continente, solo Italia escapa a la regla que “castiga” a quien quiera llegar a la cúspide del poder llevando gafas.

De los 19 primeros ministros que Italia tuvo desde 1970, once llevaban gafas. Pero muchos de los ellos no habían pasado por elecciones antes ocupar el puesto, en razón de los constantes cambios en la Jefatura del Ejecutivo transalpino en una misma legislatura. En el Reino Unido, de los ocho primeros ministros, solo dos (James Callaghan y John Major) llevaban gafas. En Alemania de los cuatro solo Helmut Kohl tenía gafas. En Francia, de los cinco presidentes electos ninguno las usaba. Y en España, el de más joven democracia, de los cinco líderes del Ejecutivo anteriores a Rajoy solo Calvo Sotelo, que no fue aupado a La Moncloa tras unas elecciones, las necesitaba (Felipe González solo pasó a usarla después de ser Jefe de Gobierno).

Parece que para comandar a un país no basta ser convincente, tener buena retórica o buenas ideas. También es importante estar con la cara “libre” de las gafas, pues los electores, tal vez, tengan prejuicio contra quienes deben usarlas.

lunes, 21 de noviembre de 2011

MAYORÍA ABSOLUTA DE ESCAÑOS, PERO NO DE VOTOS


Al PP en las elecciones del 20-N no solo le benefició el hundimiento del PSOE en razón del descrédito del gobierno del ahora presidente de gobierno saliente José Luis Rodríguez Zapatero. También, como le suele ocurrir, le fue muy útil el sistema electoral español. Gracias a la falta de justicia de éste, el partido de la gaviota pudo maximizar su representación parlamentaria.

Con 44,62% de votos el PP logró elegir 53,14% de los 350 diputados del Congreso de Diputados. Una “prima” muy superior a la obtenida, por ejemplo, por el PSOE en 2008, que con 43,87% de votos obtuvo 48,28% de diputados.

El partido de la calle Génova es, históricamente, el más favorecido por la Ley D’Hondt y por el malo reparto de diputados por provincias – se engaña quien piensa que son los partidos nacionalistas, CiU y PNV, los más beneficiados.

La falta de ecuanimidad empieza por la distribución de escaños por provincias. El PP suele tener proporcionalmente más votos en las provincias más pequeñas, siendo que éstas tienen una representación en el Congreso más grande que las provincias de mayor peso demográfico.

De las circunscripciones que no están entre las más pobladas, el PP tiene, en casi todas, una votación más de diez puntos porcentuales superior a su promedio nacional. Si hubiese una equiparación de su tamaño demográfico con el número de diputados que eligen, el PP no habría alcanzado la mayoría absoluta.

Comparemos la provincia en que el PP tuvo proporcionalmente menos votación, Barcelona (20,95%), con la provincia de La Rioja, en que el PP obtuvo tres de los cuatro escaños en disputa. La primera, la segunda más grande de España, tiene 31 diputados para una población total de 5.511.147 personas (según datos del INE de 2010). Es decir, tiene un diputado para cada 177.778 habitantes. La Rioja tiene derecho a cuatro diputados, teniendo una población de 322.415. Lo que produce un ratio de un representante para cada 80.603 habitantes. O sea, La Rioja tiene proporcionalmente 2,2 veces más diputados que Barcelona, beneficiando al partido más fuerte en la primera e infravalorando los más votados en la segunda.

El segundo componente es el cálculo que fija el número de diputados electos por provincia de acuerdo con la votación, la Ley D’Hondt. Este mecanismo de otorgación de mandatos potencia el número de electos de los partidos que tienen más votos por cada provincia y penaliza los que menos votos cosechan en cada provincia.

En Lugo, por ejemplo, el PP conquistó el 75% de los escaños totales (tres de los cuatro) Pero, la votación que el partido conservador obtuvo fue de 56%. Una discrepancia de 21% puntos porcentuales entre votación y escaños. Esta distorsión se reprodujo un poco por la mayoría de los círculos electorales, dándole al PP, finalmente, una representación en el Congreso, manifestadamente, superior a la votación del partido en relación a su escrutinio neto.

Esta combinación explosiva, Ley D’Hondt más malo reparto de escaños por circunscripción, ha generado la siguiente disparidad entre los partidos que han logrado asiento en el Congreso de Diputados a respecto de la cantidad de votos por cada escaño: PP, 58229 por escaño (186 electos); PSOE, 63398 por escaño (110 electos); CiU, 63391 por escaños (16 electos); IU, 152800 (11 electos); Amaiur, 47661 por escaño (7 electos); UPyD, 228084 por escaño (5 electos); PNV, 64703 por escaño (5 electos); ERC, 85646 por escaño (3 electos); BNG, 91639 por escaño (2 electos); Coalición Canaria, 71155 por escaño (2 electos); Compromís, 125150 por escaño (1 electo); FAC, 99173 por escaño (1 electo); y GBAI, 42411 por escaño (1 electo).

En este cuadro, UPyD e IU son los más perjudicados. Cada escaño de UPyD le costó casi cuatro veces más que al PP. Y cada escaño de IU le costó 2,62 veces más que al PP.

Una reforma electoral sería muy importante para que hubiese menos desigualdad entre las distintas fuerzas políticas. Pero, es muy difícil que ésta se vislumbre teniendo en cuenta que el partido que tendrá mayoría absoluta, el PP, es de los que más ayudas tienen de la actual ley.

El triunfo del partido de Mariano Rajoy es indiscutible. Y su propia mayoría absoluta se dio dentro de las reglas del juego. El problema es que hay mucha discusión a respecto de estas reglas, que no propician una justa correlación de fuerzas en España.

domingo, 20 de noviembre de 2011

EL VOTO DE LA ESPAÑA MÁS TRISTE DE LA DEMOCRACIA


Hoy tiene lugar las elecciones generales que proyectan menos esperanza en el seno de la ciudadanía española desde el restablecimiento de la democracia en 1977. Para la anécdota se queda el hecho de que este escrutinio se realiza, justamente, en la fecha de la muerte del hombre que habría estado más amargado con el regreso de la democracia, Francisco Franco.

Es verdad que hace mucho tiempo que las elecciones en Europa no generan un alargado sentimiento de cambio y que los partidos, al menos los que suelen liderar los ejecutivos, no presentan demasiadas diferencias entre ellos para que los electores vayan a las urnas pensando que la decisión que tomen será trascendental. Pero, lo sonante de este 20-N es la impotencia que se ve en los partidos hegemónicos del tablero político nacional español, PP y PSOE, para llevar a cabo acciones que hagan progresar España.

Sobresale que España parece estar muy a merced del exterior – notadamente del porvenir de la UE, de la Zona Euro y de la prima de riesgo del país. Cualquier otra visión no fue corroborada por la marcha de la campaña electoral de PP y PSOE.

Del lado del PSOE hemos tenido un cierto guiño a la socialdemocracia, después de casi ocho años en que ha vigorado la sentencia del a partir de mañana saliente Presidente de Gobierno, José Luís Rodríguez Zapatero, que “bajar impuestos es de izquierdas”.

Alfredo Pérez Rubalcaba, el que ha tenido la ardua tarea de conducir el partido en el periodo electoral menos favorable de su historia, prediga por impuestos a las grandes fortunas y por la vuelta del denostado Impuesto del Patrimonio. Además, garantiza que de lo que dependiese de un inimaginable gobierno suyo (el propio tácitamente lo asume públicamente así) no habría menos financiación para la sanidad y la educación pública – a despecho de los ineludibles recortes en el conyunto global de la administración pública española.

Ya el PP se quedó marcado por el ocultismo. Para no arriesgar atingir la susceptibilidad de ningún potencial elector, Mariano Rajoy, ha preferido ser lo más cauto posible, diciendo cada palabra y cada frase en puntillas. El de Pontevedra ha entrado en la campaña, esencialmente, usando el fútbol como metáfora, para no sufrir goles, en un enfrentamiento que ya tiene una gran ventaja, de acuerdo con las encuestas. Entre tanto, según éstas indican, su táctica ha tenido tanto éxito que, además de no encajar goles, es decir, no perder electores, el PP ha logrado ampliar su ya holgado marcador. Para la mayor parte de los asustados y pesimistas electores, Rajoy ya merece el voto solo prometiendo que “creará condiciones para crear empleo” – aunque no concrete cómo creará las condiciones.

Pese a las diferencias en el lenguaje y en el contenido, tanto Rajoy como Rubalcaba han tenido una comunicación tibia, mostrándose poco capaces de contrarrestar la mayor depresión (si no económica, al menos anímica) que sufre España en las últimas décadas. En el fondo saben que los electores no recibirían con seriedad mucho optimismo de su parte. En este momento, los españoles, en general, ya se dan por satisfechos que su calidad de vida baje lo menos posible – cualquier atisbo de prosperidad es visto como un espejismo

La resignación de los españoles, quizá, también explique el porqué los otros partidos, probablemente, no consigan sacar mucho rédito de las endebles ilusiones que PP y PSOE promocionan. Los Indignados del 15-M, hasta que se pruebe lo contrario, son solo una minoría ruidosa. Aunque ni por esto dignos de menos valor y consideración. Pero, de momento, este barullo no convence a la mayor parte de los españoles, que parecen aceptar, pasivamente, que hay poco que hacer más allá de las reglas rigurosas del mercado, depositando sus votos en el PP por ser el que tiene más compromiso con éstas. Para lidiar con una de las mayores crisis del capitalismo que ha tenido España, los españoles parecen creer que la mejor medicina es más capitalismo – no para que estén mejores, solo para que estén menos peores.

jueves, 17 de noviembre de 2011

LA IZQUIERDA ABSTENCIONISTA ESPAÑOLA


En España los ciudadanos que optan por los votos considerados no válidos, blanco y nulo y, fundamentalmente, los que se abstienen tienen una característica que los diferencian de nacionales de otros países que eligen a estas (no) alternativas en los escrutinios. En general, son personas más progresistas que en otras naciones.

La tendencia más a la izquierda de los abstencionistas puede ser corroborada por la mayor victoria de la historia de la derecha hasta el momento, cuando el PP obtuvo la mayoría absoluta en las elecciones generales de 2000, en que la abstención fue de 31, 20%, solo inferior a la abstención de las elecciones de 1979 – 31,96% - cuando la antigua UCD fue la vencedora.

¿Y por qué la izquierda española se abstiene más que la derecha? El motivo principal sería una falta de alternativa visible. Las campañas electorales en España son muy dirigidas a un bipartidismo excluyente, en que se genera una idea de que no hay vida más allá del PSOE y del PP (a excepción de las comunidades autónomas consideradas nacionalidades históricas, como Cataluña, País Vasco y Galicia, donde los partidos nacionalistas e independentistas dividen o superan al electorado del PSOE y del PP). En otros países de Europa, si también existe el bipartidismo, éste no es exactamente excluyente. En Portugal y en Francia, por ejemplo, las fuerzas minoritarias, aunque sin posibilidades de elegir a jefes de gobierno o Estado, al menos tienen más espacio mediático, teniendo lugar en los debates, por ejemplo – y se verifica un voto más pulverizado que en España.

Para gran parte del electorado de izquierda español solo vale la pena votar cuando el PSOE conlleva algún tipo de ilusión. En la victoria más apabullante del PSOE, en las legislativas de 1982, se registró, justamente, la menor abstención de la democracia (20%). Para algunos progresistas españoles lo que está a la izquierda del PSOE es prácticamente obviado y desechado.

Pero no es solo por falta de espacio mediático que lo que está a la izquierda del PSOE no consigue captar a los que están descontentos con el partido de la rosa y del puño cerrado. Cuando hablamos de partidos que están a la izquierda del PSOE, el cartel más visible es IU. Esta federación de partidos aunque hubiese nacido para ser un frente plural de izquierdas que fuese más allá del PCE, sigue siendo una formación estrictamente dominada por el partido de la hoz y del martillo – incluso por la poca fortaleza de los otros partidos de IU.

El discurso de IU aún cerrado y poco flexible a los cambios y a las lecciones de la historia contribuye para que los potenciales electorales suyos no se le acerquen. Aunque las perspectivas electorales de IU sean mejores de cara al 20-N que en las últimas elecciones – los sondeos apuntan más de 6% de votos, mientras que en 2008 la federación cosechó 3,77% - éstas podrían ser muy superiores teniendo en cuenta, por ejemplo, el movimiento de los indignados (apoyado por 62% de la ciuddanía), que, teóricamente, se supone de izquierdas y que está enfadado con las políticas de recortes del PSOE y con las concesiones a los mercados y a los empresarios que hizo el gobierno de José Luís Rodríguez Zapatero para combatir la crisis y el desempleo.

Otro factor que lleva a haber mucha abstención en la izquierda es un cierto rastro anarquista que sobró en España, que fue uno de los países de Europa donde este movimiento tuvo más fuerza, principalmente en las primeras décadas del siglo XX. Aun sin considerarse anarquista, la máxima de “si hay gobierno, soy contra” todavía cala de modo inconsciente en el comportamiento de algunos españoles. Son personas que sin rechazar de todo el concepto de la democracia representativa tienen que estar muy convencidas para votar a un determinado partido.

Obviamente que habrá otro tipo de abstencionistas en España, como el que se asume como alienado o poco informado políticamente, no queriendo inmiscuirse en algo del cual tiene poco conocimiento. Pero, es la izquierda que se abstiene, más que en otros países, la que puede, muchas veces, ser el factor clave para el resultado de una elección.

domingo, 23 de octubre de 2011

LO QUE ETA (NO) DEJARÁ


El fin de ETA o, al menos, la declaración de que no volverá a la lucha armada, trajo alegría a un país deprimido por la crisis. Aunque el terrorismo etarra, por su endeblez de los últimos años, no fuese más visto con la preocupación de ataño, la sola existencia de la banda terrorista seguía siendo una mancha en la democracia española.

Sería de esperarse que toda clase política y mediática de España se regocijara con la capitulación práctica de ETA. Sería de esperarse si España fuera un país en que el terrorismo no fuera un arma proselitista.

El PP, sus satélite mediáticos y AVT están en la primera línea del rechazo a la celebración sobre el fin de ETA – aunque no todos del partido de la gaviota hayan querido ser aguafiestas, con el líder del partido, Mariano Rajoy, a la cabeza de los que sí valoran lo anunciado por ETA.

El discurso agorero, tal vez para no querer dar réditos al gobierno del PSOE, es que no se puede confiar en ETA y que mientras ésta no se disuelva totalmente la sociedad no podrá estar tranquila.

No ven, o no quieren ver, lo trascendental e inédito que significó las palabras “cese definitivo de la actividad armada” por parte de ETA el último jueves. Principalmente porque no nace de generación espontánea. Fue gestado durante años, en conferencias, reuniones públicas o privadas y entrevistas. En el entorno de ETA ya nadie soportaba o creía viable la alternativa terrorista para luchar por la independencia del País Vasco.

ETA ya no podrá hacer nada. Tiene pocos miembros y apoyo. Tácitamente ha tirado la toalla – solo no puede admitirlo expresamente. Su única preocupación es cómo será la liberación de sus presos.

El fin de ETA es benéfico para todos que tienen aprecio por la democracia. Quizá no convenga tanto a los que usaban a ETA para quitar legitimidad a los partidos independentistas y nacionalistas vascos. Ahora ya no podrán más mezclarlos con los terroristas.

Tampoco el terrorismo podrá más ser usado como política electoral. Ahora que el miedo a ello estará enterrado por completo, jamás se verán editoriales y discursos políticos denunciando supuestas tibiezas de gobiernos en su política antiterrorista.

El fin de ETA, por tanto, además de significar el fin de las muertes de inocentes por un grupo de fanáticos, también traerá más normalidad y menos tremendismo al funcionamiento de la vida política y mediática vasca y española.

miércoles, 23 de marzo de 2011

CUANDO LOS EXTREMOS SE PARECEN

Izquierda Unida y Partido Popular son los más diferentes dentro del arco ideológico de los partidos con representación en el Congreso de Diputados. Votaron distinto en el pedido del gobierno para autorizar la participación español en la guerra de Libia.

El PP dio un “sí” e IU un “no” a que España ayudase, aunque de manera casi testimonial, a los países de la OTAN que intentan trabar la masacre de Moamar Gaddafi contra sus opositores.

Pero, a parte de las distintas posiciones sobre el ataque o no al país magrebí, PP e IU han tenido un punto en común. Comparar la intervención en Libia con la Guerra de Irak de 2003.

Las dos formaciones achacaron al presidente de gobierno, José Luiz Rodríguez Zapatero, incoherencia en combatir una cuando estaba en la oposición y dar su aval a la otra, ahora cuando lidera el ejecutivo.

Pese a las grandes diferencias que jalonan las dos guerras, PP e IU han preferido ir por la senda del confronto por medio de la crítica fácil y simplista. Al contrario de la intervención en Irak, ningún país ha pasado por encima de la ONU ni ha inventado ninguna mentira para atacar a Libia. Y ni siquiera la contundencia de la ofensiva es comparable. En Irak, EEUU y sus aliados - entre los cuales la España gobernada entonces por el PP - entraron para, claramente, derribar a un régimen y tomar las riendas del país. Mientras en Libia los países de la OTAN solo tienen la intención de proteger la población victimada por las agresiones de Gaddafi. Son los grupos opositores libios que deberán directamente hacer con que caiga el más antiguo de los déspotas africanos.

El PP es especialista en este juego de confusión. Hace de la demagogia una constante en su estrategia de oposición, incluso cuando está de acuerdo con el gobierno. El partido de la gaviota estará para siempre involucrado en la farsa que justificó la Guerra de Irak. En Libia nadie está fabulando nada.

Sobre IU, es legítimo que esté en contra de la guerra. Pero, no debería hurgar en la Guerra de Irak para defender su voto negativo a la presencia española en Libia. Bastaría con que dijera ser contra la participación armada de España en conflictos ajenos. El debate sería más claro y verdadero.

PP e IU, tan lejanos, pero, a veces, tan cerca.

jueves, 2 de diciembre de 2010

PSC: A LA ESPERA DE UN NUEVO MARAGALL


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El peor escrutinio de la historia del PSC, tras las elecciones del 28-N, además de enseñar la poca popularidad que ha generado el tripartito del gobierno catalán (a despecho de su éxitosa política social), también ha sido consecuencia del escaso liderazgo impuesto por su primer secretario y aún presidente de la Generalitat, José Montilla.

Para lograr remontar y salir de la travesía en el desierto será fundamental que el PSC encuentre un político que devuelva el optimismo y que genere confianza en sus bases y en el electorado.

El PSC no presenta, hoy por hoy, ningún nombre de peso capaz de devolverle perspectivas de triunfo. Tanto es así que muchos son los socialistas catalanes que sopesan la “importación” de una política que hace muchos años está hincada en Madrid, como es la ministra de Defensa, Carme Chacón, que muy poca presencia ha tenido en el debate político catalán.

Será, sin duda, desesperante para el PSC la elección de su próximo líder en el congreso que marcará la salida de Montilla de la primera secretaria. Además de una figura de carisma, el próximo líder del PSC también deberá ser eximio en encontrar un denominador común entre las alas catalanistas y españolistas del partido. Principalmente en tiempos de mucha crispación entre Cataluña y el resto de España.

Desde la vuelta de las elecciones en Cataluña, el único hombre capaz de galvanizar y a la vez hacer el aggiornamento en el partido fue Pasqual Maragall. Aunque, una vez instalado en el Palau de la Generalitat, en razón de su intempestiva manera de gobernar, la paciencia de los socialistas y de sus socios con él duró muy poco.

Sin un líder fuerte y ante una CiU que sabe muy bien hacerse "confundir "con Cataluña se vislumbra un futuro penoso para el PSC.

sábado, 20 de noviembre de 2010

¿HASTA DÓNDE PUEDE LLEGAR UN ORGASMO?


En medio de tanto erotismo en los mítines catalanes – los gemidos del vídeo de Montserrat Nebrera; la “incorporación” de la porno-star Maria Lapiedra en las listas laportianas de Solidaritat Catalana; y el ineludible Albert Rivera, ahora poniendo a otros desnudos – finalmente el hot surge de manera bien lograda en la carrera electoral del 28-N: el vídeo que compara el placer de un orgasmo al placer de votar, por medio de una chica que siente uno mientras votaba en la lista del PSC.

El vídeo de la Juventud del PSC, es cierto, ha generado un sinfín de críticas, incluso de los propios socialistas, dentro y fuera de Cataluña, con el presidente de la Generalitat, José Montilla, a la cabeza.

De hecho, el vídeo es extremamente osado. Pero, es imposible negar su ingeniosidad. En términos de campañas electorales ha sido de los vídeos más innovadores de la historia catalana.

No importa que el acto de votar, aunque pueda, en algunos casos, dar satisfacción, no sea lo mismo que el placer del acto sexual. Lo que vale es la lectura metafórica del mensaje de los jóvenes del PSC.

Puede, y es lo probable, que el vídeo poco motive la ida a las urnas ni el voto en el PSC en un momento de tanto escepticismo hacia la política y hacia los socialistas. Al fin y al cabo, para un electorado crítico y politizado como el catalán más valen las nueces que las voces. Pero, el vídeo ha hecho su parte: ha establecido, con el proselitismo obligatorio de un spot político, de modo divertido, una comparación de un éxatasis casi unánime y transversal con lo circunspecto que suele ser la política.

El uso del sexo, diferentemente de lo que hizo Montserrat Nebrera en su video, tiene un contenido por de tras. No lo usa solo para llamar la atención sin más.

Creo que la sociedad catalana es lo suficiente moderna para entender el paralelo trazado por el vídeo. Al fin y al cabo, lo contundente no quita lo inteligente.

Es muy probable, salvo una vuelta de tuerca de ERC, que Montilla pierda el 28-N. Pero, sus cachorros saldrán de las elecciones como los proselitistas más creativos. Al menos si despojamos el moralismo y el prejuicio de nuestras mentes.

http://www.youtube.com/watch?v=nhkrRRwiX-Q

jueves, 16 de septiembre de 2010

CINISMO ELECTORAL




Las elecciones son periodos en que se suben en el escenario mediático los más variados géneros de contorsionismo de los partidos y sus aparatos en tren de los anhelados votos.

A poco más de dos meses del escrutinio catalán, la “bomba” del momento ha venido de la revista de CDC, MésCat, que ha traído la “primicia” de la semana: que el expresidente de la Generalitat, Pasqual Maragall, apuesta por la victoria de CiU, pues “ahora le toca a Artur Mas”, según aparece en la entrevista que Maragall dio a la publicación.

El medio convergente no ha tenido el menor reparo en seguir la consigna de la familia de Maragall, en no darle la relevancia que “no puede ni debe tener” en el debate político hispanocatalán. Lo mismo valiendo para los varios diarios que dieron eco a la entrevista.

El oportunismo se agranda pues se sabe que hay poco riesgo que los que sí son celosos de la situación personal de Maragall hurguen en el punto central de la inconveniencia de buscarlo

Para preservar la imagen de Maragall casi nadie va a decir algo como “no hablemos de los pensamientos de Maragall, pues éste tiene mal de Alzheimer”.

No sé cuál es el avance de esta terrible enfermedad en el sistema neurológico en Maragall. Y creo que tampoco su estado debe ser revelado para el público. Su intimidad y la de su familia deberán estar en primer puesto ante cualquier curiosidad.

Entre tanto, nadie puede ser cínico a punto de tratar a Maragall, principalmente cuando le conviene, como si él no tuviese una degenerativa enfermedad cerebral.

Aunque Maragall no esté aun sufriendo ninguna consecuencia de la enfermedad, no debe estar en el medio de los cruces del debate político. Fundamentalmente cuando éste se pone al rojo vivo, como en una elección. El alcalde olímpico no se lo merece.

domingo, 1 de agosto de 2010

ESPAÑA ES MÍA, SOLO MÍA


En democracia, como en el deporte, saber perder es fundamental. El respeto a las reglas de juego democrático atañe reconocer las derrotas, tanto en el plano electoral, como en el ámbito parlamentario.

No es así que se comporta el PP. El partido de la gaviota parece tener en su pose las “escrituras sagradas” de España. Los de la calle Génova si creen en la democracia piensan que son dueños de ella.

Cualquier cosa que va en dirección opuesta a sus dogmas tiene como respuesta una total deslegitimación del PP.

Así fue con el nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña, con la asignatura Educación para la Ciudadanía y con la nueva Ley del Aborto, que han tenido que ir al Tribunal Constitucional – éste sí sin legitimidad operacional, en razón de los mandatos caducados de muchos de sus miembros – tras sendos recursos presentados por el PP contra estas leyes.

Ahora la saña del PP es contra la prohibición de la corrida de toros en Cataluña, aprobada por la mayoría de los representantes del pueblo catalán. Queriendo pasar por encima de los principios de autonomía de las comunidades nacionales y regionales el PP quiere que sea aprobada una ley que impida la potestad legislativa en este asunto, en razón de su carácter supuestamente “cultural y turístico”, y que tendría como efecto la derogación de la ley antitaurina catalana.

Sería como un equipo pedir la anulación del reglamento de un campeonato en que ha salido derrotado, y que éste sea jugado de nuevo.

Si hay temas que deben ser respetados en lo que se refiere a las facultades de las comunidades autónomas son aquellos que solamente tendrán influjo en la propia comunidad autónoma.

Es diferente del reparto de los impuestos para una comunidad autónoma, que tendrá impacto en todas las otras, por ejemplo.

Para colmo, el PP aun peca por la incoherencia, ya que nunca ha protestado contra la prohibición de la corrida de toros en Islas Canarias – que en su momento, incluso, tuvo su apoyo.

Que los diputados del PSOE no se arrodillen ante los del PP cuando la proposición de ley taurina sea votada en el Congreso. Sería más un golpe a la democracia catalana, y, por ende, a la democracia española, pues una pertenece a la otra.

viernes, 19 de febrero de 2010

LO INIMAGINABLE





Realmente, no se hace más etarras como antiguamente. Los terroristas haciendo gala vistiendo la camiseta de La Roja. ¡Qué escena! Pues tíos, que paséis del insólito a la paz. Si sois capaces de llevar la camiseta de España estoy seguro que dejar las armas no os costará nada.