sábado, 16 de mayo de 2026

EL GRAN PROBLEMA DE LOS PROFESORADOS DE LOS TERCIARIOS EN ARGENTINA

 

Cuando uno piensa estudiar un determinado saber, teniendo como objetivo laboral, con su formación y su respectiva habilitación, dar clases a respecto, seguramente, querrá que su esfuerzo sea abocado en especializarse en las disciplinas correspondientes.

Pero basta con dar una ojeada en el plan de estudios de los profesorados de los institutos terciarios a lo largo y ancho de Argentina, para darse cuenta de que los alumnos inscriptos en ellos tendrán que cursar un sinfín de materias cuyo objetivo no es el aprendizaje específico de lo que van a enseñar como futuros docentes (los pocos que se reciben, puesto que solo un pequeño porcentaje termina la carrera).

Los profesorados de los terciarios se dividen en materias de pedagogía/didáctica y en materias específicas pertenecientes al nombre de la carrera, componiendo en su totalidad la gran mayoría de las carreras, y algunas materias que no están vinculadas ni unas ni otras. Las materias de pedagogía/didáctica casi que tienen el mismo tiempo de cursada que las específicas, dependiendo del plan de estudio de cada provincia, las responsables por los institutos terciarios, esa relación puede variar para más o para menos. En lo teórico, de parte de quien aboga por esta división, la explicación es que tan importante como conocer el contenido de lo que el futuro docente va a enseñar, es saber cómo va a enseñar y cómo va a pararse delante del alumnado. Y por ello aquellas materias de pedagogía/didáctica serían tan relevantes como las específicas.

Pero a la justificación supracitada le carece realismo y le sobra cinismo. Las materias de pedagogía/didáctica ni por asomo serán tan importantes como las específicas para la labor docente. Además, en su gran mayoría ni siquiera añadirán cualquier valencia para la persona cuyo reto es dar clases. En resumen, son disciplinas asaz teóricas, especulativas y redundantes. Haciendo con que el estudiantado o pierda mucho tiempo cursándolas o haciendo con que dejen de estudiar más cosas de lo que quieren dar clases si en su lugar hubiese más materias específicas.

Por los nombres de las materias uno ya puede darse cuenta de lo pleonásticas que son. Ejemplo, Práctica Didáctica y Didáctica. Hay que rizar mucho el rizo para encontrar diferencia entre las dos para que ameriten ser dos materias distintas. Es lisa y llanamente reírse de la cara del alumnado, que tiene que pagar muchos peajes en forma de gran esfuerzo, con los trabajos prácticos, parciales y finales, y asistencia para lo que poco que le van a servir esas disciplinas si quiere concluir la carrera. 80% de estas materias podrían ser extintas de los profesorados de los terciarios.

Más espantoso que tanto desperdicio de dinero por parte del estado con tantas horas de didáctica/pedagogía y tiempo por parte del estudiantado, es cómo no hay ningún tipo de debate en la sociedad argentina a respecto de algo tan evidente.

Un profesorado de un terciario en comparación a un profesorado de nivel universitario tiene la intención de ser más liviano y flexible. De hecho, es lo que ocurre en la práctica. Es mucho más fácil recibirse en lo primero que en lo segundo (y también sería bueno que se hablase de lo cargoso que son los estudios universitarios en Argentina, principalmente en tiempos en que la financiación universitaria en Argentina está en el primer plano del debate político). Pero sería mucho fácil sin tantas horas didácticas y pedagógicas y sin que eso supusiera una pérdida de calidad en la formación para lo que, de hecho, interesa a la persona que estará habilitada a dar clase. Quizá, sin tantas barreras inútiles, habría mucha más gente recibida como docente y mucho más desempleo en el rubro. Pero eso podría ser resuelto con un examen de ingreso con cupo que reflejase lo que realísticamente haría falta para el mercado de trabajo en el sector de las respectivas áreas disciplinares. De este modo nadie perdería tiempo. Ni la persona estudiando para algo que no tendría trabajo ni la persona que estuviera estudiando estaría perdiendo tiempo con materias sin importancia y consideradas por muchos aburridas en contenido.

La buena labor docente se constituye básicamente por conocimiento, buena capacidad retórica y experiencia en el aula. Y no por tantas horas de teorías pedagógicas y didácticas.


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